Avelaíña

Fotografía corporativa Bravo Delicatessen

Pablo Bravo Delicatessen no es una tienda al uso. Es un camión, y ya solo eso le da una personalidad que pocas superficies de venta tienen. Jamones colgados, embutidos bien ordenados, productos ibéricos de los que se ven y ya sabes que son serios. El diseño del vehículo tiene su propio carácter y era importante que las fotos lo recogieran.

Me centré en dos cosas: el producto y el trato. Los ibéricos se fotografían bien cuando están bien presentados, y aquí lo estaban. Pero lo que le da vida a un negocio así es la relación con el cliente, esa atención cercana que tienen los puestos de toda la vida aunque vayan sobre ruedas. Intenté capturar los dos registros, el producto cuidado y el momento humano detrás del mostrador.

Con la gastronomía de calidad el trabajo es casi de orfebre: buscar el ángulo que resalta la veta del jamón, la luz que hace brillar la grasa en su punto justo. Detalles que el ojo entrenado busca y que el cliente final percibe aunque no sepa explicar por qué le entra el hambre mirando una foto.

Un proyecto con mucho sabor, en todos los sentidos.

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